Llevaba algunas semanas de retraso, y aunque por la cabeza me pasaba que podía estar embarazada, no podía ni imaginarlo. Tenía cita con la ginecóloga para hacerme el Papanicolaou y resulto que terminamos haciendo la prueba de embarazo. No podía creerlo, pues en ese momento sabríamos si íbamos a ser papas o no. Para ser sincera, pensar en la posibilidad de no estar embarazada me partía el corazón y por otro lado no me cuadraba estar embarazada.
Tenía los resultados en mis manos; era positivo.
Me sentí como en un sueño, no me cabía en la cabeza que yo a mis 20 anos y apenas con unos meses de casada ya iba a ser madre.
Creo que solo faltaba confirmarlo para empezar a sentir todos los síntomas del embarazo. No podía comer algunas cosas que me gustaban mucho y vomitaba hasta el agua que tomaba. Vomitaba tanto, que baje de peso, claro, luego lo recupere.
A los 5 meses pasados, comencé a investigar todo acerca del embarazo y del parto. Mi sueño era tener a mi bebe como yo deseaba, sin prisas, en la posición que me sintiera bien, sin anestesia, quería sentirme libre. Como no fui a clases para preparación para el parto, porque mi esposo decía que “solo era negocio” y creo que tiene razón. Comencé a leer el libro de Ina May, y me encanto como describe el parto y lo poderosa que somos las mujeres para parir.
Recuerdo que cuando leía, sentía en mi vientre esos ligeros y pesados movimientos de mi nena…seria niña. No podía creer, ni comprender como era posible que una personita estuviera creciendo dentro de mí, creo que ya sé por qué lo llaman el milagro de la vida.
Los días pasaban y yo ya estaba ansiosa por conocerla. Por tenerla y olerla. El tiempo iba lento para comenzar a admirarla.
Ya estaba en la semana 39 y un martes a las 5:19 de la mañana sentí el inicio de esta inolvidable aventura. Todo el día estuve sintiendo contracciones, eran demasiado irregulares que no creíamos que fuera a nacer pronto. Esos dolores eran especiales y poderosos. Como eso de las 7 pm fue cuando empezaba lo mejor, así que fuimos con las parteras a que me checaran y solo llevaba 2 cm de dilatación. Parecía una noche larga.
Me metí a la tina con agua caliente para calmar un poco los dolores, pero eso disminuyo mi labor así que mis parteras me mandaron a mi casa y a que caminara para que esto avanzara. Así lo hicimos. Regresamos a casa y aquí estuvimos hasta que de plano ya no aguantaba, necesitaba a mis parteras.
A las 10 pm nos fuimos de nuevo con las parteras, mi esposo iba muy emocionado y nervioso aunque no me lo dijo, pues íbamos a tener a nuestra bebe fuera del hospital y eso a muchos los llena de pavor; pero yo iba muy segura de que si podia. Llegamos y estaba en 3 cm, así que me mandaron otra vez a la tina con agua caliente y valla que ayudo mucho a sobrellevar esos súper dolores, hasta que llego un momento que ya no me aguantaba en la tina…de mi salían unos sonidos que no había escuchado antes, estaba soltando tanto poder que tenia dentro. Cuando salí de la tina estaba en 7 cm y decidí quedarme afuera. Así que las parteras me trajeron una silla en forma de u para poder seguir con mis contracciones. Las dos parteras fueron unos amores y muy pacientes. Respetaron nuestro espacio y eso me gusto y me hizo sentir libre. Nos tenían muy bien atendidos a mí y a mi esposo. Yo estaba sentada en la silla y recargada en mi esposo, cuando sentí ganas de pujar. Siempre tuve la curiosidad por saber que sentiría cuando quisiera pujar, pero no lo puedo explicar, solo sé que es una gran necesidad…así que comencé a pujar y mi esposo solo me animaba. Cuando checaron los ritmos cardiacos de Anya, mi nena, estaban bajos y pronto la partera me dijo que me pusiera a cuatro patas porque nos íbamos al hospital. Creo que mi esposo se llevo el susto de su vida pero yo, la verdad es que no me asuste, ni me paso nada malo por la mente, yo solo tenía ganas de pujar, y me sentía segura de que nada malo pasaría.
De pronto, una de las parteras reviso otra vez los ritmos cardiacos y estaban muy bien así que me dijo que podía pujar y comencé a pujar. Me dieron una silla para apoyar los brazos y ahí comencé a pujar. Pujar fue lo mejor que sentí, era un gran alivio y placer. No podía ver la cara de mi esposo, pero estoy segura que estaba asombrado de los ruidos que de mi salían, eran poderosos.
Cuando estaba a punto de nacer Anya, sentí un gran ardor en mi vagina y de pronto escuche que mi esposo me dijo: “mira mi amor, ya nació”. Mi hija nació de golpe y libre. Y fue el mejor momento de mi vida.
Enseguida me la entregaron y estaba pequeñísima y lindísima. Nació casi limpia de vernix. Nació el miércoles 3 de marzo a las 3:55 de la madrugada. A esa hora y ese día, Anya nos había convertido en padres a Salvael y a mí.
Anya peso 5 libras y obtuvo 8 de 10 en su APGAR. Tuve un pequeño desgarro, pero nada serio. Sentía que una toronja me colgaba de ahí dentro. Mi bebe estuvo conmigo siempre, después de unos 15 minutos cortamos su cordón y salió la placenta.
Ya en la cama, dio su primera mamada de esa súper vacuna llena de defensas y muchas otras cosas llamada calostro. Solo mamo un rato y se quedo dormida en mi pecho, y la tenia piel con piel. Por cierto, su primer popo la hizo en mi mano.
Me sentía completa, pues después de todo lo que algunas mujeres contaban de sus partos; logre ir al mío sin miedo y fue tan excitante y único, que me dan ganas de tener unos 5 hijos más pero de la misma manera.
Con el nacimiento de mi hija todo cambio, pues me siento más enamorada de mi esposo que antes. Ahora lo veo además de mi compañero, como padre de la bebe que yo parí. Anya se ha convertido en nuestra reina y si, nos tiene comiendo de su mano y sobre todo a mí.
Con la experiencia que obtuve de mi parto, comprendí que las mujeres nacimos para esto. Comprendí que, no necesitamos de un doctor irrespetuoso que nos ande metiendo prisas, pues nuestro cuerpo es tan sabio y perfecto en este aspecto, que sabe hacer las cosas por sí solo, es cuestión de dejarlo hacer su trabajo a su tiempo. Las mujeres que parimos de esta manera somos especiales y poderosas, pues entendemos nuestras capacidades para parir y para convertirnos en madre de la noche a la mañana.
Mi hija me ha cambiado todo. Todo lo ha mejorado. Me siento la mujer más bendecida del universo por tener esta linda bebe conmigo, que todas las mañanas al despertarse, sin yo pedirle nada, me regala la mejor sonrisa y boruca que una madre enamorada de su hija podría recibir.
Anya ahora tiene ya tres meses, esta enorme, sana y hermosa. Es una bebe muy despierta y vivaracha para su edad. Salvael y yo amamos a esta criaturita que Dios nos confió.
Ahora sé que en verdad, el parto no es un castigo que Dios nos dio a las mujeres; es una dicha parir y tuve el mejor parto que pude haber deseado.
1 comentario:
muy bonita historia!
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